Esta es una crónica de la vida diaria en el Barrio Chino de Buenos Aires que escribí para la clase de idioma castellano cuando estaba estudiando allá. No sé si ahora estaría de acuerdo con todo lo que escribí en 2009 (particularmente lo que escribí sobre los motivos de los argentinos que visitan el barrio) pero de todos modos reproduzco la crónica en su totalidad con unos cambios pequeños.

En la calle Arribeños, en la esquina con Juramento, hay un arco grande de estilo chino anciano que sirve como una puerta estilizada de acceso al Barrio Chino de Buenos Aires, unas cuadras que son, a la vez parte y aparte del resto de la ciudad. Detrás del arco, rodeado por el resto del barrio bastante tranquilo de Belgrano, hay un distrito comercial con mucha conmoción, muchos colores y mucha gente. En las calles de este barrio-adentro-de-un-barrio se pueden ver muchas luces brillantes y carteles grandes, escritos en castellano y chino. Las tiendas venden curiosidades del Este, como abanicos pintados, incienso fragrante y espadas de juguete. Los restaurantes de esta zona sirven platos muy diferentes de lo que se puede encontrar en un restaurante argentino corriente, como chop suey y arrolladitos primavera. Los supermercados ofrecen, entre otras cosas, rollos de sushi, té con leche y “burbujas” de tapioca, y fideos instantáneos en envases escritos en una variedad de lenguas asiáticas.
La presencia del arco y la de las tiendas, restaurantes y supermercados, señalan que la colectividad china es fuerte y está muy presente en esta parte de Belgrano, ¿verdad? Quizás no. Una rápida mirada alrededor revela que la mayoría de la gente que está paseando por el barrio son argentinos de estirpe europea. Es probable que haya muchos turistas extranjeros también, porque muchos restaurantes tienen cartas que no tienen ni una palabra escrita en chino, sino que todo está en castellano e inglés.
Las cosas que venden las tiendas están claramente dirigidas a los que buscan curiosidades exóticas, cosas y conceptos suficientemente diferentes de lo que conocen en sus vidas cotidianas pero suficientemente familiares para ser accesibles. Muchas veces, las rarezas que buscan son fabricadas específicamente para este tipo de consumidor. Por ejemplo, nadie en China se viste con ropa tradicional. Se la produce todavía principalmente para tres tipos diferentes de consumidor: para actores chinos que quieren disfraces históricos, para novias chinas que quieren parecer glamorosas en sus retratos de casamiento, y, aparentemente, para porteños que, por curiosidad o por otra razón, quieren comprar qípáo o trajes Mao. ¿Qué tienen los tres tipos de consumidor en común? Todos buscan algo diferente, algo exótico para ayudarles a jugar algún papel. Los actores quieren vestirse con disfraces más o menos históricamente correctos. Las novias quieren recuperar algo del percibido encanto de la boda tradicional. ¿Los porteños paseando por el Barrio Chino? Tal vez quieren mostrarles a sus amigos y vecinos que tienen algún conocimiento de las culturas extranjeras, que tienen cierto nivel de cosmopolitismo y sofisticación.
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